lunes, 2 de abril de 2012


UNA EVA Y DOS ADANES
 
El divorcio de Arthur Miller fue demasiado para el frágil carácter de Marilyn; y sólo después de una serie de crisis depresivas y de un par de intentos de suicidio, logró estabilizarse su delicado equilibrio emocional. Los hombres se sucedían unos a otros. Marilyn buscaba desesperadamente un poco de afecto, pero no lo encontraba.
Había conocido a John Fitzgerald Kennedy en 1954, y se había sentido irremediablemente atraída hacia él; pero pasarían años antes de que comenzara uno de los romances más sonados y prohibidos de la historia.
En 1954, Kennedy, un mujeriego empedernido, le había pedido a su cuñado, el actor Peter Lawford, que le presentara a Marílyn, pues quería pasar una noche con la rubia más sexy de los Estados Unidos.
El misterio que rodeó desde siempre a la relación hizo que los detalles fueran ambiguos; pero se supone que las relaciones entre la estrella y el ascendente político comenzaron en 1955, cuando Marilyn estaba divorciada de Joe Di Maggio y aún no se había casado con Arthur Miller. Se dice que los encuentros furtivos continuaron durante el matrimonio con Miller y que se intensificaron en 1960, cuando Marilyn se divorció. Jackie Kennedy, la esposa de John, siempre supo que su marido la engañaba, pero toleró la situación con entereza.
Marilyn, ingenuamente, creía que él se divorciaría para casarse con ella; pero la historia tendría un final diferente. John F. Kennedy, que sólo quería divertirse, ni siquiera pensaba en divorciarse y, como era su costumbre, decidió compartir a su nueva amante con su hermano menor, Robert Kennedy.
Así, Marilyn comenzó a tener relaciones con el Fiscal General de la Nación y con el futuro Presidente de la Nación.


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