lunes, 2 de abril de 2012


MUERE UNA MUJER Y NACE UNA LEYENDA
 
Hay quienes dicen que los Kennedy le habían confiado secretos que ella, despechada, estaba dispuesta a rebelar, y que ésa fue su sentencia de muerte.
Otros opinan que, abandonada por los hermanos y en medio de una profunda crisis depresiva, decidió tomar más pastillas de las que acostumbraba.
Lo cierto es que, la madrugada del 5 de agosto de 1962, se encontró el cuerpo sin vida de Marilyn, tendido en su cama. Tenía treinta y seis años y aún era dueña de la escultural figura que volvía locos a los hombres.
Se investigó poco y nada sobre su misteriosa muerte, pues la rubia más famosa estaba implicada nada menos que con el presidente de los Estados Unidos. Para el funeral, el cuerpo de Marilyn fue colocado en un féretro de bronce, forrado por dentro con terciopelo color champagne. Le pusieron un vestido verde de "Pucci" y colocaron entre sus manos un delicado ramo de rosas. Cumpliendo la promesa hecha años antes, su maquillador favorito se presentó en la casa mortuoria con una modista y una peinadora, y trabajaron arduamente con la idea de que su última imagen fuera la más deslumbrante.
Joe Di Maggio, su tercer marido, organizó su funeral y prohibió la entrada a la mayoría de los compañeros de trabajo de Marilyn. Durante el velatorio, junto a su féretro, lloró y besó a su ex-mujer, y la despidió para siempre con un simple “te amo”.
Joe Di Maggio siempre creyó que los Kennedy eran responsables del trágico final de Marilyn. Tres años después de la muerte de su ex-esposa, Robert Kennedy se acercó a estrechar la mano del ex-jugador de beisbol durante un partido de homenaje a los Yanquis; pero éste dio un paso atrás y se negó a saludar al político.

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