MUERE
UNA MUJER Y NACE UNA LEYENDA
Hay
quienes dicen que los Kennedy le habían confiado secretos que ella,
despechada, estaba dispuesta a rebelar, y que ésa fue su sentencia
de muerte.
Otros
opinan que, abandonada por los hermanos y en medio de una profunda
crisis depresiva, decidió tomar más pastillas de las que
acostumbraba.
Lo
cierto es que, la madrugada del 5 de agosto de 1962, se encontró el
cuerpo sin vida de Marilyn, tendido en su cama. Tenía treinta y seis
años y aún era dueña de la escultural figura que volvía locos a
los hombres.
Se
investigó poco y nada sobre su misteriosa muerte, pues la rubia más
famosa estaba implicada nada menos que con el presidente de los
Estados Unidos. Para el funeral, el cuerpo
de Marilyn fue colocado en un féretro de bronce, forrado por dentro
con terciopelo color champagne. Le pusieron un vestido verde de "Pucci"
y colocaron entre sus manos un delicado ramo de rosas. Cumpliendo la
promesa hecha años antes, su maquillador favorito se presentó en la
casa mortuoria con una modista y una peinadora, y trabajaron
arduamente con la idea de que su última imagen fuera la más
deslumbrante.
Joe
Di Maggio, su tercer marido, organizó su funeral y prohibió la
entrada a la mayoría de los compañeros de trabajo de Marilyn.
Durante el velatorio, junto a su féretro, lloró y besó a su
ex-mujer, y la despidió para siempre con un simple “te amo”.
Joe
Di Maggio siempre creyó que los Kennedy eran responsables del
trágico final de Marilyn. Tres años después de la muerte de su
ex-esposa, Robert Kennedy se acercó a estrechar la mano del
ex-jugador de beisbol durante un partido de homenaje a los Yanquis; pero
éste dio un paso atrás y se negó a saludar al
político.
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